Los rellenos dérmicos son preparados inyectables diseñados para integrarse con la piel y los tejidos subyacentes, proporcionando soporte estructural, volumen y contorno en un contexto médico controlado. En medicina estética se utilizan en zonas donde el volumen o la definición del tejido se ha reducido, siempre con un enfoque en seguridad, precisión y planificación individual.
No existen dos productos de relleno idénticos. Cada uno difiere en composición, viscosidad, elasticidad y duración del efecto. La selección del producto adecuado es, por tanto, una parte fundamental del procedimiento y debe adaptarse al área a tratar, a las características del tejido y a las necesidades individuales del paciente. Esto asegura que el producto se comporte de manera predecible, se integre correctamente y cumpla los objetivos médicos y funcionales establecidos por el profesional.
El tratamiento lo realiza un médico cualificado, que evalúa cuidadosamente la anatomía de la zona y administra el relleno mediante técnicas precisas. Aunque las inyecciones son mínimamente invasivas, el procedimiento incluye una evaluación detallada, planificación y ejecución meticulosa, diferenciándose claramente de los tratamientos realizados por personal no médico.
Los efectos son temporales y varían según el producto, la zona tratada y las características individuales del tejido. Las sesiones de mantenimiento se pueden realizar de forma segura bajo supervisión médica según sea necesario. El paciente permanece completamente consciente durante todo el procedimiento, y el tiempo de recuperación es generalmente mínimo.
En España, los rellenos dérmicos son dispositivos médicos que solo pueden ser aplicados por profesionales sanitarios cualificados. La normativa estricta garantiza que estos procedimientos sean realizados exclusivamente por médicos entrenados, asegurando la seguridad del paciente y la integridad del producto.
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